Publicado: 8 de Diciembre de 2018

A lo largo de todas las actividades que tenemos que hacer en el día a día, pueden surgir ciertas dificultades ante las cuales no sabemos cómo actuar. Por ello, es conveniente tener una guía de cómo podemos enfrentarnos ante aquellos problemas para poder ponerles una solución lo antes posible.

Cómo identificar un problema

Para poder solucionar un problema es importante saber cuál es. Por ello, hay que definirlo bien y concretarlo para poder empezar a buscar una solución.

El problema puede ser más grande o más pequeño, pero en cualquier caso todos los problemas suponen un malestar para la personas y de este modo, podremos solucionar unos u otros.

También es importante que el problema que queramos solucionar sea nuestro, pues muchas veces nos implicamos en problemas con los que tenemos muy poco control y que nos generan más frustración por no poder solucionarlos como nos gustaría.

Alternativas para solucionar un problema

Tras haberlo definido bien, hay que buscar o generar alternativas de posibles soluciones. Podemos pensar en todas las que se nos ocurran, pues será más tarde cuando elegiremos una u otra, en función de la valoración de los pros y contras que hagamos de ellas.

¿Por dónde empiezo?

Para empezar, hay que escoger una de esas soluciones pensadas y valorar las posibles consecuencias, mirando las ventajas y desventajas que se pueden tener de seguir con ella.

Se pueden tener varias soluciones elegidas, pues así tendremos la confianza de que si una no sale bien, tendremos más alternativas ante las que poder reaccionar. No obstante, una vez hemos elegido una posible solución, hay que centrarse en ella sin pensar en sí otra habría sido mejor o no, pues eso nos desviará de acercarnos a la solución.

¿Cómo lo hago?

Una vez hemos escogido una posible situación, hay que aplicar la alternativa escogida y comprobar si los resultados son satisfactorios.

A menudo es necesario llevar a cabo muchas acciones para poder encontrar la solución, pues solo con una puede no ser suficiente para resolverlo del todo. Sin embargo, con esas pequeñas acciones nos iremos acercando más a la solución final.

¿Qué cosas debo tener en cuenta?

Es conveniente valorar tres aspectos a la hora de plantearse un problema. Tiene que ser:

  1. Alcanzable. Mejor ir poco a poco pero con pasos seguros, que intentar abarcar más y frustrarnos por el camino.
  2. Específico y concreto.
  3. Limitado en el tiempo, para tener una meta más realista y que nos impulse a actuar.

¿Y si no sale bien?

Si no sale bien, podemos intentar revisar la meta. Puede que no esté muy clara y que sea por ello, por lo que esté habiendo más dificultades. También podemos intentar afrontarlo desde otra perspectiva para ver cómo abordarlo de una manera diferente.

García-Herrera, J. M. y Nogueras, E. V. (2013). Guía de Autoayuda para la Depresión y los Trastornos de Ansiedad. Junta de Andalucía: Servicio Andaluz de Salud. Consejería de Salud y Bienestar Social.