Publicado: 8 de Septiembre de 2018

En los últimos post hemos hablado de claves para manejar los conflictos cotidianos o la importancia de cómo expresar y recibir críticas, especialmente útiles en esta época del año en la que nos encontramos: las vacaciones.

Pero, ¿qué podemos hacer para evitar que un enfado se transforme en un ataque de ira?

Esta emoción tiene un recorrido ascendente. Si no lo gestionamos a tiempo y nos vamos reprimiendo lo más probable es que cuando estallemos lo hagamos delante de la persona menos indicada o ante el detalle más insignificante.

Cómo evoluciona la ira

  • Luz verde

No nos resulta difícil intuir que es en este momento cuando nos sentimos preparados para hablar. Nuestra comunicación es fluida y tenemos ganas de hacer planes, pero cuando tenemos que abordar un tema delicado que nos afecta es muy complicado mantenernos en este color.

  • Luz ámbar

Visualicemos una escena que suele ser frecuente: Una comida familiar.

Estamos sentados a la mesa y aparece un tema de conversación que nos enerva y uno de nuestros familiares comienza a hablar sin tapujos dando una opinión totalmente opuesta a la nuestra…

Nos ponemos tensos, sentimos como un fuego en nuestro interior, intentamos poner una sonrisa  que poco tiene de natural y nos vienen 1000 pensamientos sobre la otra persona (“¿pero cómo puede estar diciendo eso?”, “¡que se calle ya!”).

Si algo nos afecta es obvio que no podemos estar relajados, pero esto tiene un peligro, y es que sin apenas darnos cuenta podemos explotar y contestar de malas maneras.

¿Qué podemos hacer para mantener el control en una situación así?

El objetivo principal es desviar el foco de nuestra atención y distraernos para disminuir la tensión:

– Hablar con otra persona

– Pensar en tareas que tenemos que hacer después o recordar algo agradable que nos haya pasado últimamente

– Hacer ejercicios mentales que ocupen la mente: Contar hasta 10, 50 o 100 (lo que cada uno necesite para evadirse)

– Controlar la respiración: Haciendo una respiración profunda estamos enviando a nuestro cuerpo un mensaje de calma, por lo que nuestros músculos se acabarán relajando

– Comunicar nuestro malestar (hablamos de esto en el artículo anterior)

Con estos trucos no cambiaremos de forma de pensar. Seguirá pareciéndonos mal lo que estamos escuchando y será un momento incómodo, pero evitaremos consecuencias más desagradables.

  • Luz roja

Si hemos llegado hasta aquí la comunicación ya no es posible, estamos tan encendidos que nos será prácticamente imposible expresar nuestra opinión sin herir los sentimientos de la otra persona. En ocasiones sentiremos un gran desahogo haciéndolo, pero nos lloverán consecuencias negativas que borrarán los beneficios de perder los papeles.

La solución más efectiva es salir literalmente de la situación. Podemos dar explicaciones de lo que nos pasa, diciendo que una vez que nos calmemos volveremos y podremos seguir hablando o, si lo preferimos, levantarnos con una excusa y salir de la habitación.