Publicado: 11 de Junio de 2015

Desgraciadamente, la palabra Bullying o Acoso Escolar cada vez está más de moda debido a los innumerables casos de persecución y de agresiones que se están detectando en las escuelas e institutos, y que están llevando a muchos estudiantes a vivir situaciones verdaderamente aterradoras.

En este sentido se trataría de una manifestación de violencia intraescolar que consiste en una combinación de intimidación, acoso y / o la amenaza sistemática de parte de un estudiante o de un grupo de estudiantes hacia un alumno o alumna.

El bullying no es algo que sólo pertenece a los primeros cursos de la ESO, sino que se puede iniciar fácilmente en la etapa de Primaria. Lo más probable es que sea instigado por un grupo de alumnos en que un solo ser el agresor principal y el resto son “acompañantes de batalla”.

Muchas investigaciones sitúan como principal escenario el aula o el interior de la escuela donde más casos de bullying se conocen y concluyen que agresores y víctimas comparten aula o, cuando menos, curso. Esto no quiere decir que se pueda trasladar poco a poco en la calle u otros espacios para continuar el acoso.

Si bien el bullying no incluye mayoritariamente la violencia física, este maltrato intimidatorio prolongado, puede tener lugar durante meses o años, y siendo sus consecuencias devastadoras para la evolución psicológica y social de la personalidad de la víctima.
La finalidad del agresor es lesionar a otro, producir daño, destruir, contrariar o humillar.

Podemos encontrar diferentes tipos de acoso escolar, ya menudo de forma simultánea:
Físico: empujones, patadas, agresiones con objetos …; Verbal: es el más habitual. Insultos y apodos principalmente, también menosprecios en público, resaltar posibles defectos físicos …, Psicológico: minan la autoestima del individuo y fomentan su sensación de temor; Social: pretende aislar al niño / ao joven del resto del grupo y compañeros.

Debemos tener en cuenta que la violencia como manifestación conductual es un problema BIOPSICOSOCIAL y no sólo es un problema escolar, sino que intervienen otros factores como: rasgos de una personalidad retraída o baja autoestima en el caso de las víctimas y un temperamento agresivo y alteraciones en la emoción y la conducta en el caso de los agresores. Por otro lado, estos últimos les caracteriza uno de los factores más importantes: el familiar, donde hay inestabilidad en la estructura familiar, falta de vínculo afectivo o abandono, convivencia familiar pobre, contradicciones, imposición o autoritarismo, presencia de actos violentos , permisividad o pasividad, es decir, dificultad para enseñar y respetar límites, entre otros.

No hay un estilo determinado de persona que pueda causar el Bullying sino que podría ser cualquiera. Según Olweus pionero de los primeros estudios que se iniciaron en Noruega y, creador de diferentes programas específicos para el acoso escolar, dice que principalmente son más los chicos. Las chicas utilizan más los elementos psicológicos, con intimidaciones sutiles y menos evidentes, pero no menos duras pero, y también de graves consecuencias.
Cierto es que en su mayoría son chicos con características de temperamento agresivo e impulsivo, deficiencias en habilidades sociales para comunicar y negociar sus deseos, falta de empatía hacia el sentimiento de la víctima, falta de sentimiento de culpabilidad, falta de control de la ira, violentos, autosuficientes, no muestran baja autoestima, baja integración escolar …

La eficacia del “bullying” reside en el silencio del niño agredido ante sus
padres o maestros, porque se siente descalificado y ridiculizado, tiene vergüenza y todo ello le crea un bloqueo que le imposibilita hablar.

Los maestros, a veces, más preocupados por la indisciplina o la violencia física,
suponen que la “cargada” no es trascendente, y así se pierde la posibilidad de detectar la violencia encubierta, mucho más tóxica que la que se ve.

No quisiera terminar sin mencionar que las consecuencias del acoso escolar, no sólo son para la víctima, también por el agresor, los espectadores, por las familias y por la propia sociedad. Sin embargo, la víctima sufre las peores y puede terminar en fracaso escolar, ansiedad anticipatoria o fobia a la escuela, de modo que configura una personalidad insegura para el desarrollo óptimo de la persona, a nivel personal y social. Y la peor consecuencia de todas, el suicidio, como única vía para escapar de la situación. Recordemos el caso Jokin en España.