Publicado: 20 de Junio de 2016

Para materializar un cambio debemos salir de nuestra zona de confort. Ésta es el espacio físico y mental en el que nos movemos de forma habitual. Esta zona está compuesta por las actividades que realizamos diariamente, así como por los espacios que visitamos de forma cotidiana.

Propósitos, motivos, sueños, proyectos, prescripciones...Todos estos conceptos desembocan en  la necesidad de llevar a cabo un cambio en alguna faceta de nuestra vida. Lo que a priori parece fácil, sobre el papel y en nuestra imaginación, se va volviendo una tarea más o menos dura al momento de llevarla a cabo. Es entonces cuando aparece la frustración y el miedo a no ser capaces de conseguirlo, y esto puede llevarnos a renunciar a esos propósitos con el consiguiente daño a nuestra autoestima.

Pero entonces, ¿cómo podemos enfrentarnos con mayor éxito al cambio? Con toda seguridad responderíamos que la motivación es la clave para conseguir lo que queremos. Una definición de este concepto podría ser la siguiente: “aquello que impulsa a un individuo a llevar a cabo ciertas acciones y a mantener firme su conducta hasta lograr cumplir todos sus objetivos”. Si analizamos esto, por un lado tenemos el componente del interés (aquello que nos impulsa) y por otro el de la voluntad (mantener firme nuestra conducta hasta lograrlo). Todo muy sencillo.

Así pues, si tenemos claro que necesitamos y nos sentimos motivados ¿por qué no conseguimos lograr todos los cambios que nos proponemos? Teniendo claro lo que queremos conseguir, tenemos que evaluar que nuestra meta sea realista (en términos de tiempo, otras obligaciones, compromiso con el fin deseado, los pasos a seguir para lograrlo, etc.) y, sobre todo, valorar los recursos con los que contamos, es decir fundamentalmente, nosotros mismos. Esta valoración suele estar llena de sesgos negativos que nacen de nuestra baja autoestima y de una autocrítica voraz, fruto de propias experiencias negativas o de cánones impuestos por unos ideales de perfección irreal y, creedme, a los que nadie se parece.

Para materializar un cambio debemos salir de nuestra zona de confort. Ésta es el espacio físico y mental en el que nos movemos de forma habitual. Esta zona está compuesta por las actividades que realizamos diariamente, así como por los espacios que visitamos de forma cotidiana. En esta zona nos sentimos seguros y competentes porque es un espacio que conocemos y dominamos pero no deja de ser pequeño y limitado. Salir supone experimentar miedo e inseguridad y, muy probablemente, deberemos volver a esforzarnos en creer en nosotros mismos para seguir hacia adelante. 

La imagen con la que acompañamos el texto (se puede encontrar en varios espacios web), me la envió mi hermana para animarme tras asumir un proyecto profesional y me parece que ejemplifica de manera muy simple lo que hay más allá. “Donde sucede la magia” (Where the magic happens). Y es que las cosas maravillosas suceden moviéndonos y luchando por mejorar. Conociendo gente distinta, experiencias y nuevos espacios. Preguntando e interesándose por los demás, borrando la palabra derrota de nuestro diccionario mental

Hace varios años, alguien muy sabio me regaló impreso el poema Ítaca de K. Kavafis. Las interpretaciones son libres pero un poco viene a decir que lo importante es la experiencia que vivimos mientras perseguimos un fin, incluso más que éste en sí mismo. Es por esto que las complicaciones que pudiéramos encontrar dependen en gran medida de sus protagonistas.

Por tanto, el cambio empieza en uno mismo y hay que ser valiente y confiar en nuestras posibilidades. Sufrir miedo es normal, nos pasa a todos y superarlo nos hace más fuertes. Sobre todo debemos recordar que lo que nos enriquece no es conseguir la meta, sino el camino que recorremos para ello.