Publicado: 6 de Enero de 2015 a las 20:27

La agorafobia es una fobia social, un problema que afecta aproximadamente al 3,5% de la población mundial. Este trastorno se caracteriza porque la persona experimenta un miedo muy intenso cuando se encuentra en situaciones o lugares en los cuales le puede resultar difícil o embarazoso escapar.


Esta ansiedad conduce a comportamientos evitativos. Es decir, la persona restringe su radio de acción a los lugares en los cuales se siente segura y comienza a permanecer cada vez más tiempo en casa. Lo usual es que evite mezclarse con la gente, que se resista a viajar en coche, autobús o avión, que no quiera entrar en un ascensor o atravesar un puente y que incluso desatienda algunas de las responsabilidades básicas del hogar, sobre todo cuando estas equivalen a salir de casa.


Obviamente, evitar estas situaciones, que son tan comunes para el resto de las personas, va limitando cada vez más sus relaciones interpersonales.


Cuando la persona se ve obligada a enfrentarse a las situaciones temidas, puede desarrollar una crisis de angustia, en la cual experimenta fuertes palpitaciones, sudoraciones, escalofríos, siente que le falta el aire y tiene problemas para respirar. Estos síntomas se acompañan con una sensación de irrealidad, el miedo a volverse loco e incluso a morir. En los casos más graves, ni siquiera es necesario que la persona se exponga a la situación temida, el solo hecho de recordarla o imaginar que puede llegar a enfrentarla ya desencadena estos síntomas.


De esta forma se cumplen sus peores pronósticos. En un principio la persona temía a hacer el ridículo, desmayarse o perder el control delante de los demás y finalmente sus miedos se hacen realidad debido a la ansiedad que experimenta. Así se instaura el círculo vicioso de la fobia y, a menos que cuente con un tratamiento psicológico, es muy difícil de eliminar.


¿Cuáles son las causas de la agorafobia?


Aunque no se conoce con certeza qué causa la agorafobia, existen diferentes teorías que intentan explicar esta condición. Por ejemplo, se ha descubierto que las personas con agorafobia también tienen dificultades con la orientación espacial y se les dificulta mantener el equilibrio ya que no logran combinar bien la información proveniente del sistema vestibular, visual y propioceptivo. Muchas de las personas que padecen esta fobia tienen dificultades en el sistema vestibular por lo que se apoyan más en las señales visuales y táctiles. Por eso, cuando se encuentran en espacios abiertos o con muchas personas, pueden sentirse desorientadas y confundidas. 


Otra explicación se basa en la teoría del apego. Según esta teoría, las personas con agorafobia no han podido desarrollar un apego seguro en su niñez por lo que no han logrado potenciar las habilidades sociales básicas. Así, la agorafobia no sería más que una respuesta de amenaza ante la ausencia de una “base segura”. En este sentido, un estudio reciente sugiere que el verdadero problema del agorafóbico no es la diferencia entre el espacio público y el privado sino entre la percepción de seguridad y peligro. Y es que estas personas solo se sienten seguras cuando están en un espacio privado y limitado donde tienen el control pero se sienten amenazadas ante la presencia de extraños o en lugares donde no pueden ejercer el control.


Por supuesto, también hay psicólogos que hacen referencia a un componente genético ya que la agorafobia a menudo aparece junto a otros trastornos de ansiedad, fobias específicas o el abuso de sustancias.


Sin embargo, el mecanismo mediante el cual se instaura la agorafobia casi siempre es el mismo: la persona experimenta una vivencia negativa en un lugar del cual le resulta difícil escapar y a partir de ahí crea una asociación negativa que se activa cuando entra en un lugar similar. En muchos casos la persona es consciente de que se trata de un miedo irracional, que no tiene razón de ser, pero aún así no logra controlarlo porque cuando la fobia aparece, toma el control. 


El tratamiento de la agorafobia


La buena noticia es que la agorafobia tiene solución. La mayoría de los tratamientos psicológicos se centran en dos aspectos fundamentales: que la persona aprenda a controlar los síntomas ansiógenos que provocan la crisis de angustia y en lograr que el comportamiento de evitación desaparezca. La exposición al estímulo temido en un entorno controlado, lo que se conoce como desensibilización sistemática, es una de las técnicas más utilizadas y eficaces pero no es la única, existen otros métodos y enfoques. 


Afortunadamente, de las personas que terminan el tratamiento para la agorafobia, alrededor de un 65 o 75% logran que los síntomas remitan completamente.